UNA FLOR ROJA

UNA FLOR ROJA
Santos Augusto Ventocilla Arce (Ambar)


-Yo puedo dibujar una flor -dijo la niña.

Sus palabras flotaron en el aire. Silencio. Nadie contestó.

-Una flor- volvió a decir con entusiasmo.
Otra vez el silencio.
-Una flor roja... ¿Entiendes? Roja... ¡Roja!
Sólo las hojas de la enredadera se movieron.
-No sabes lo que es rojo? ¡Colorado!

Las palabras retumbaron en el jardín, pero no encontraron contestación.
En una ventana del segundo piso de la casa una cortina se movió.
-¿Así es que no sabes lo que es rojo? – dijo amenazante la niña de cabellos rubios y ojos azules, y quitándose un zapato se arrodilló en la grama. Su vaporoso vestido celeste parecía un pedazo de cielo.

El sol abrigaba dulcemente y un agradable vaho se elevaba del bien cuidado césped.
-¡He dicho rojo! ¡Una flor! ¡Roja! ¡Roja! ¡Eres inútil! -gritó furiosa.
La niña levantó el brazo que sostenía el zapatito blanco de charol.

Relumbró el cuero, refulgieron los ojos de la niña y brillaron los ojos del escarabajo que parado estaba frente a ella. Bajó violentamente el brazo y en el piso de cemento quedó un informe masa ensangrentada.

-¡Ese es el color! ¡Eso es el rojo! ¡Rojo! ¿Entiendes? –dijo la niña echándo-se a llorar.
En esos momentos los amorosos brazos de su madre la levantaron y acunándola le preguntó:

-¿Qué tienes amorcito?
-Que yo sé dibujar una flor. Una flor roja ¿Entiendes? ¡Roja! ¡Roja! –gritó levantando el brazo que sostenía el zapatito blanco de charol.




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