17 junio 2013

Poesías de "los Molinos de la Noche" de José Pablo Quevedo


El niño que sueña frente al mar


El niño que sueña frente al marlo absorbe con la mirada.
El sol de ocaso está acurrucado a su nube.

Sobre la esfera sostenida por sus ojos lagartos
se nos viene el tiempo en un columpio.
¡Un balancear, que ido fue!

Es dulce la miel en el relampaguear del momento,
retratarse con el sol y tenerlo entre las cejas,
morderlo cuando su luz se aquieta en los labios.

El nos acompaña en auto. Corta las sombras
de los árboles de nuestra carrera,
dibuja palomas sobre la velocidad de las autopistas,
hace volar mariposas limoneras,
amuymulla el corazón en lo depositario de la arena.

El yo caminante e intuitivo da su marcha regresiva
porfía en subir y bajar alguna montaña de mil cuestas,
y siendo árbol por doquier deja esparcidas sus semillas,
con el viento tempestuoso abre en su boca otras voces.

Sobre arenas olvidadas hay huellas
que recogemos en tiernos penachos de oro
-y ese día-niño que hemos sido-,
porfiamos que no se fragmente cuando lo evocamos.

Lo que deja morir el corazón en cada peña
es mar dolido formando herida
con cada ola que revienta.

José Pablo Quevedo. (Inédito: "Los molinos de la noche")



Tres momentos del no olvido

Tiempo en una galería que imagino:
meditativa tarde, acaso hecha de siena,
donde hay una línea de arena, un sol preciso que cae,
el rumor de las olas que nos llegan.

Mientras alguien da pedacitos de pan a los gorriones
una que otra nube se forma como un cuerpo en el cielo.

Por la costanera se besan los enamorados,
se tejen sueños, se ejercitan los recuerdos,
se salta con la pelota ante la red imaginaria.

Pero aún los jóvenes se disputan las postales
de tardes de acuarela y de calles añiles.
Ellos muestran sus cuerpos vitales,
corren por las arenas,
ante una tarde que se va sin veleros de despedida.

Pero el tiempo es mi doble yo: El que fue
y el que se retrata,
o tal vez, el que busca mi pose en la galería que imagino.
Y en ella hay una foto que muestra mi salto de delfín,
el que fue ensayado tantas veces en una noche soñolienta.

Son tres momentos del no olvido, y ello es lo definitivo
en la pirueta de la idea que me hago:

El primer libro de nuestra infancia está en las estrellas,
el segundo, en la evolución de las especies,
y el tercero, en la comprensión de las diferencias.
Y este último es lo decisivo para entender
que somos seres evolutivos y sociales.


José Pablo Quevedo. (Inédito: "Los molinos de la noche")


ARTE REGRESIVO*


TRANSICIÓN CAMALEÓNICA

Como antaño ya no anda en asno el profeta,
si no acude al Mercedes Benz blindado en su peregrinaje.
La estrella alta en el auto confiesa su designio
con el progreso que antes negaban.
Y la banca y los cardenales aplauden la nueva iniciativa.
El nuevo Papa tendrá una nueva Mitra y su Papamóvil.

Jesús no hizo altares, no nadó en oro,
ni aduló a presidentes ni a ricos, sino anduvo en asno,
invitó a su mesa a pescadores y a labriegos,
tampoco tuvo a soldados vigilantes de sus pasos,
si no dejó huellas de amor por caminos duros,
y por miles de cerros abrió su boca
para hablar con sermones
y entregar peces y panes,
y estar cerca de los pobres.

Pero, ahora, el profeta sube a su nave automática,
la carga con pontífices y cardenales y soldados,
y trae visas varias a los mercados de los cambios
y ama y arma a sus rambos
y llena con escudos misiles sus fronteras.
Los hay, quienes fabrican drones en su reino,
y hasta niegan a sus propios padres y hermanos.

No hay sola huella de Jesús en las huellas del profeta nuevo,
no hay calco de lo que hizo este hombre en el pasado,
quien declaró, que no pasaría el camello
por el ojo de una aguja,
y quien vistió túnica roja y blanco vestido,
y quien nunca estiró la mano a opresor o tirano.

El querer seguir los pasos de Jesús, es una farsa,
cuando madura el oro barroco de los altares,
y ese oro llena las arcas del Vaticano a raudales.

José Pablo Quevedo.

*Arte Regresivo: Filosofía y Literatura del devenir.

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