29 noviembre 2017

JULIO TEÓFILO SOLÓRZANO MURGA, UN SER HUMANO ADMIRABLE

 Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo)


“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”. Emily Dickinson. "La poesía no da para comer, pero vale la pena pasar hambre por ella". Aralba.

Con la globalización a todo vapor, el combate insular para abrirse paso en las arcanas aguas de la escritura creativa va cediendo espacio al ánimo corporativo, como viene perdiendo vigencia la frase del filósofo rumano Emil Cioran: “Hay pueblos que por hablar una lengua provinciana están condenados al anonimato”. Ahora ya no hay nada oculto bajo el Sol, ni siquiera en los lugares recónditos, de ahí que en el actual panorama literario la publicación de obras esté dejando de ser patrimonio exclusivo de unos cuantos, gracias a la producción editorial con tecnología de avanzada al alcance de todos, y a las redes sociales y bibliotecas virtuales gratuitas, que se incrementan y maduran día a día, beneficiando por igual a lectores y autores.

En este cometido, el esfuerzo privado tiene papel relevante, sobre todo por la tarea sublime de hacedores como JULIO TEÓFILO SOLÓRZANO MURGA, y al soporte de instituciones altruistas como la fundación “PADRE JUAN SALVADOR”. Talleres, ferias, encuentros, festivales, congresos, antologías, concursos, presentaciones de libros y recitales, son a la vez: plataforma de lanzamiento de nuevos títulos y motores del gran movimiento literario en la última década, con una nueva visión y un renovado compromiso, a pesar de no contar con el debido apoyo oficial. Por eso la obra solidaria de Julio y de los promotores que lo acompañan en la ruta, debe aquilatarse de acuerdo a la máxima del pensador francés François de La Rochefoucauld: “La gloria de los hombres se ha de medir siempre por los medios que se han servido para obtenerla”.


Basta visitar el blog personal de Julio Solórzano, para apreciar el robusto grado de compromiso social de su labor promotora, donde prevalece el espíritu colectivo, y ver que no está al tanto de autores consagrados y de los que van camino a la fama, solamente. También tiene los oídos prestos al latido de los aedas telúricos que inician su peregrinaje creador de belleza escrita, siempre palpando lo que ocurre en la rugosa topografía literaria de la Región Lima, abriendo las jaulas para que los pájaros de la inspiración vuelen libres los aires poéticos, y rescatando de lunes a domingo la palabra tantas veces postergada, para hacer del creador provinciano el centro germinal de la cultura, que ponga en retirada a la ignorancia con el duro fuete del verso.


Julio Teófilo, en su constante búsqueda de unidad nos muestra que la confraternidad literaria no es una quimera, y que la defensa del libro como patrimonio cultural es un acto irrenunciable. Seres humanos como él, nos hacen volver la mirada hacia el interior de nuestra Región y trazan rumbos culturales firmes en la mente y el corazón. Son los exploradores que nos llevan a reflexionar en el proverbio africano “Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de caza siempre glorificarán al cazador”.


Julio es el primer creador de belleza escrita en ganar el galardón TUPUCANCHA, premio mundial a la excelencia literaria, por su creación CUANDO MUERE UN POETA. Huacho es el cuerno de la abundancia cultural del que brota diamantina su prosa y su poesía, imbricados en pródiga pluma con identidad propia, obra maestra que sitúa a la Literatura Regional en pedestal firme, en momentos en que los juglares de Caronte están en peligro de extinción.

PERSONAJES EN LA LITERATURA DE LA REGIÓN LIMA


La antología literaria PERSONAJES EN LA LITERATURA DE LA REGIÓN LIMA (Ediciones Luz de Vida – Huacho, PERÚ), selección de Julio Solórzano Murga, es un Libro que deja testimonio para la posteridad, sobre las expresiones literarias que en la presente centuria se viene cultivando con amor fervoroso, cual manantial de sentimientos brotando del espíritu sensible de nuestro pueblo, sin olvidar que el tiempo vuela como arpón y se incrusta en el lugar señalado. Este lugar, aquí y ahora es Huaura, donde gracias a Julio se ha escuchado el segundo grito libertario, pero esta vez el grito ha sido bajo el balcón, para romper las fieras cadenas que se arrastran por las frías aceras de la indiferencia y el olvido. Sus 324 páginas así lo notifican y ponen en valor a 236 literatos de diferentes edades y registros, de las provincias hermanas de: Barranca (25), Cajatambo (13), Canta (8), Cañete (20), Huaral (19), Huarochiri (9), Huaura (106), Oyón (8) y Yauyos (9). Alegrías y pesares, dulces o acongojados, unas veces fuego, otras tantas ceniza, un torrente de emociones donde todo lo plasmado cobra contornos humanos de sencilla desnudez, signo de los tiempos que vivimos, literatura con acento propio y música arrobadora de rústica bondad, como discurren las estaciones de la vida en la Costa, Selva y Sierra del Perú profundo. Un bello collage donde el verbo brota con la misma naturalidad que nacen las hojas nuevas de una rama lozana.

Inspirado en los intereses supremos de las letras peruanas, no sé cuánto tiempo le habrá llevado construir dicha antología, sólo Julio lo sabe, mas su amplio contenido y la bibliografía consultada, no dejan dudas de un periplo titánico por los senderos literarios de 9 provincias del Norte, Centro y Sur de nuestra Lima provinciana, por no decir brega heroica de un incansable peregrino: zaguán a zaguán, jirka a jirka, médano a médano, aun cuando el abanico antológico no abarque todas las voces de la Región, pues el territorio es vasto y rico en manifestaciones literarias, de ahí que esta obra cardinal sea un acicate en los ijares del oficialismo que sigue siendo, además de remolón, centralista de lesa cultura, por eso, y mucho más, no es exagerado afirmar que con varios Julios Teófilos trabajando con la misma fe, vocación de servicio y tesón, se multiplicaría por mil el parto de nuevos valores literarios, espirituales y humanos en el Perú, como impulso para las letras emergentes y la lectura, que nos hace recordar la frase sobre el LIBRO, del ilustre librero, editor y director de la Biblioteca Nacional, Juan Mejía Baca “El hombre es el único animal que lee.  El loro puede hablar, el mono puede jugar, la hiena se ríe, pero no hay ningún animal que lea”. Sólo así un día no muy lejano nuestro amado Perú será llamado por el mundo entero: EL PAÍS DEL LIBRO.

Julio Teófilo Solórzano Murga, poeta de renombre internacional, escritor, promotor cultural, biógrafo, antólogo y trabajador administrativo de Essalud, nació en Huacho, “Capital de la Hospitalidad”, el 17 de febrero de 1959, hijo de don Alfredo Prudencio Solórzano Clavarino y de doña Delia René Murga Collantes. Julio no es de los que nos quedamos rengueando a medio camino, él avanza con pies alados y la frente perlada de sudor sagrado, haciendo que los arroyos creativos remonten su curso y abreven los campos literarios, antes de perderse en el mar del olvido. Muchas veces he ingresado a su blog de madrugada, y allí esta él, incorporando las creaciones de los amigos, tanteando el estriado camino literario, fiel a su naturaleza de heraldo, para que los visitantes pisen terreno seguro en la claridad de la aurora.


Un ser humano en cuya obra prevalece la iniciativa y el esfuerzo con pasión de precursor, por ello la similitud entre la fisonomía de su nuevo libro "CUENTOS HUACHANOS" y el temperamento de Julio, que muchos admiran y concuerdan que linda con lo épico, por lo faraónico de su empeño a nivel regional, porque para forjadores de cultura como él, la realidad no se agota en sus linderos, sino que movidos por una alquimia más poderosa que el conjuro, doblegan todo lo material que limita el accionar, como dueños absolutos de su visión y su quimera. Digno ejemplo y contraseña del sueño provinciano, y estupenda carta de presentación para todos los paisanos. Es posible que nunca se sepa, quién fue el primer turista en alcanzar el nirvana marino de Huacho desde el Malecón Roca, pero gracias a plumas valiosas como la que sostiene en su diestra mano Julio, vamos conociendo y amando a los pioneros que hicieron del Norte Chico un verdadero paraíso.

Dejo constancia, que vengo siguiendo sus huellas luminosas en la red virtual desde hace más de dos quinquenios, donde su voz poética es valorada en círculos literarios de diferentes banderas del mundo hispano, haciéndose merecedor a muchas distinciones nacionales e internacionales, además de integrar mensualmente la antología "PALABRA EN LIBERTAD" del solidario promotor literario José Beltrán Peña, uno de los libros de poesía de mayor renombre en el planeta Tierra.

Por eso y mucho más, su labor benefactora en los ámbitos cultural y educativo, es aliento saludable para el espíritu de sus amigos de camino y una bendición diaria para los niños, jóvenes y adultos de nuestro pueblo.


Quizá nunca pueda saldar mi deuda de gratitud con él, por haberme considerado en su ANTOLOGÍA LITERARIA, rubro BARRANCA, cuna de la milenaria CARAL, donde nací.


LIBRO CUENTOS HUACHANOS

“El libro, CUENTOS HUACHANOS, de Julio Solórzano Murga, revela el sentir de un pueblo hospitalario, y deja constancia de sus valores y su manera de pensar, de sus rasgos distintivos, sus creencias, costumbres, tradiciones y demás expresiones que forjan su identidad. Cada relato es el reflejo de la fe inquebrantable, de los anhelos, padecimientos y realizaciones de un colectivo social con relevante experiencia vital". Norka Brios Ramos
Para nadie es un secreto que el arte es uno de los nervios más sensibles del cuerpo social, sobre todo el arte escrito, volcado en los géneros: lírico, narrativo y dramático. Así, cada generación tiene en el literato al mejor intérprete de su paso por el mundo, cuyo acervo escrito es menester conocer bien, pero sobre todo amarlo como el tesoro más preciado, por ser parte esencial de ese gran cimiento de cultura, conocimiento y hermandad, para que la nueva semilla edifique el futuro en terreno conocido, firme y duradero.

En este marco histórico, de contornos humanos, uno de los principales testigos del quehacer huachano de los últimos decenios, es JULIO SOLÓRZANO MURGA, cuya lírica y narrativa, vienen alcanzando las cimas más elevadas del arte escrito, como expresiones de la vida comunitaria, desde la fresca savia del alba, hasta el rojo purpurino del ocaso, como invoca su pensamiento creador: “Con mi pluma entre los dedos escribiré con tinta grana de mis venas, sobre la débil hoja del destino, la historia de mi pueblo que lucha por ser libre”. No como productor de calamidades, indiferencias y miseria, tampoco como mero incidente de su tiempo, menos todavía como espejismo pasajero en el serpentín de Pasamayo, sino como nervudo puente de amor entre el pasado y el futuro, pues nadie, en su sano juicio, ama y valora lo que no está al alcance de sus sentidos, de sus latidos y su memoria, porque solamente nutriéndonos de las experiencias, de las alegrías, de los sinsabores, de la fe y de los sentimientos de nuestros ancestros, se logra construir el fuerte andamio que demanda el porvenir.
Cada relato de Julio Solórzano, como toda obra de buen miliciano en la gran cruzada de la historia, exterioriza línea a línea ese espíritu sublime que anima sus actos cotidianos, de Huacho a Cajatambo y Áncash, de Ámbar a la Capital de la República, y del Balcón de Huaura a Santiago de Chuco, cuna del poeta universal César Vallejo, siempre enfilando la proa de su velero narrativo hacia el corazón de su querencia, describiendo con su pluma sensible en la débil hoja del destino, todo el zumo que le brinda su mente rebosante de recuerdos, con una riqueza de imágenes pletóricas de aromas, matices y sonidos huachanos, hechos y circunstancias llenas de emociones compartidas, bajo el faro luminoso de su lar nativo: que ama, venera y respeta.


El rasgo distintivo de Julio radica en la originalidad con la que describe cada uno de los escenarios literarios, con ese tono campechano de fraterna sencillez y claridad de amanecer, transparente, sereno y fresco; obra que ha ido madurando con el tiempo como fermenta la buena chicha, cuyas fibras vibran sublimes, porque su autor es un narrador con tuétano de músico, con ese carácter templado en los azares del arte, que es la vida misma, de ahí que el cúmulo de sentimientos que trasuntan sus frutos, no sólo reivindican el pasado, además abren sendas fulgentes en el alma regional, crisol en el que se forja la razón de ser del escritor de tierra adentro, pero que tiene en el mar la mano protectora, porque desde tiempos inmemoriales el mar es refugio seguro y aplaca el hambre cuando el suelo no produce. Por eso su obra, como medio de comunicación por excelencia, respira hondo, como el mar más profundo, por eso Julio lleva a Huacho en sus arterias y entrañas, por eso sus relatos son ricos manjares como las delicias marinas y terrenas que saboreamos con agrado, porque desde las playas salen las callecitas estrechas que se abrazan con los campos fecundos, con el fogón de íntima raigambre familiar, con los caminos, los médanos y los sueños. Por eso abre su libro con el relato NOSTALGIA HUACHANA, saudade con aromas del ayer y acordes que brotan de su espíritu sensible; y cierra con FUNCIÓN DE LA PALABRA, amalgama de identidad y compromiso social que libera y engrandece al ser humano: tierno, sencillo y fraterno.

Que DIOS te bendiga, JULIO.


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