23 diciembre 2013

"OLENKA" de Giovanni Escurra Lugo

OLENKA

La veíamos pasar en silenciosa admiración, bajo sus mejillas se encajaba una sonrisa perturbadora. Lo más sorprendente era su extrema sencillez, le bastaba con mojarse el pelo, hacerse una cola y sonreír, parecía no ser consciente de su belleza porque siempre andaba sencilla y nunca intentaba llamar la atención, aunque, claro, para nosotros y toda la comunidad masculina del colegio ella, sin quererlo, acaparaba todas las miradas.

          Por lo que sé, tenía pocas amistades, su círculo social se limitaba a sus amigas de salón, pero poseía un grueso número de amigos-pretendientes. Lo sé porque era lo que veía a la hora de entrada, en la tarde, mientras las chicas, estudiantes de la mañana, salían, yo y mis amigos esperábamos que nos abrieran el portón y podía observar cómo una fila de muchachos se ofrecía acompañarla hasta la esquina o invitarle un helado. Ella era amable con todos; no, no confundamos era amable, solo eso.

         Te acompaño, Olenka, ¿qué dices?, te invito algo, ¿te gustan los  helados? ¿Ya no entras al face, no? Y ella, sí, gracias, sonriente, no, no entro mucho, oye me tengo que ir, mis amigas me dejan, chau, cuídate… Por ahí otros muchachos se burlaban del galancete, jaja ¡cancela’o! Te mandó a volar en una… Y él, jaja por lo menos me atrevo a hablarle, no como ustedes que están que se orinan en un rincón jaja… Todos carcajeaban con sus mochilas al hombro, el pantalón y la camisa desaliñados, mientras yo la veía irse tranquila, sin tener la menor idea que nosotros, los mocetones de entonces, moríamos por ella. Nos duela o no, ella nunca nos hizo caso. Nos tenía a todos como amigos, eso sí, pero de ahí, nada. El chino Lu se había atrevido un par de veces y nada, el fortachón Germán, el loco Romero, el chato Polo y el negro Jairo también y nada. Al final, uno a uno comenzaron a resignarse y a buscar alguna chica que les quite la mala experiencia que le dejó la anterior. Yo nunca me mandé, solo la quería en silencio al igual que mi amigo el cabezón Rodríguez. Así pasamos nuestra vida en esa época, resignados a ver pasar a nuestra Olenka (así la llamábamos los dos) frente a nosotros distante y dolorosa.




Al colegio había llegado un muchacho algo extraño. Julio, así se llamaba. Aunque se ganó nuestra confianza rápido, nos siguió pareciendo extraño porque a diferencia de todos, el fútbol le interesaba un comino; la mayor parte de la tarde se la pasaba dibujando en un cuaderno de hojas cuadriculadas y pequeñas. Era chancón y nos soplaba en los exámenes, quizás por eso se ganó rápido nuestra confianza. Era buen pata, le decíamos brother, me quedé sin pasaje, préstame pe’, y él, claro, abría su mochila, toma, me lo devuelves cuando puedas, y al final casi nunca nos cobraba. Nos invitaba a su casa a ver películas y yo le comencé a enseñar  jugar fútbol; su desinterés por este deporte radicaba en que no sabía jugarlo. Así, poco a poco le entró más al balón hasta que comenzó a practicarlo. De un momento a otro se le veía darle duro a la pelota y había comenzado a jugar con nosotros, ¿has visto? Tenía buen pie, ¿qué? Corría bien (¿viste el partido del Cristal contra el Garcilaso?) Demoraba en cansarse, ¿y ese milagro? Había comenzado a ir al gimnasio, ¿qué milagro? Estaba sacando piernas, ¡tú nunca ves partido! Se había comprado un balón, ¡pa’ que veas pues! Jaja. Ese interés repentino por el fútbol tenía un nombre: Olenka. Era algo que se veía venir, más bien hubiera sido raro que no se fije en ella. La había conocido a la hora de entrada. Mientras ella salía me pidió que se la presente y luego se enteró que le gustaba el fútbol y entonces a él también tenía que gustarle. A nadie se le cruzó por la cabeza lo que ocurriría después. A nadie, ni aún a mí que era su mejor amigo, un hecho que movería los cimientos de nuestra Institución Educativa Emblemática…

Le gustaba el fútbol, por eso le pedí al flaco Marcos que me enseñe, pucha… Pero qué linda es, bien bonita, estoy templa’o… Como dice el chino Lu, más templa’o que cuerda de guitarra, tiene fama de botada, para choteando a todo el mundo, con ella no se puede florear; no, eso jamás, ella es distinta… Nada de floro con ella. Hay que conquistarla de otra forma, la voy a dibujar, he descargado su foto del face, pucha qué linda… Primero dibujo la forma de su cara… No me gusta el fútbol, todo sea por ella, me gusta más el básquet… ahora marco las líneas de los ojos, su boquita, su nariz… Tiempo que no juego básquet, aunque ya aburría también… Ahora marco bien su carita, su cabello, sombreo, sombreo… ¿Si la invito a salir, quedrá? No mejor no, paso a paso, le regalaré el dibujo, ¿le gustará? Capaz me chotea… Pucha qué linda… Su boquita, su nariz, pucha mi borrador… ¿Dónde está? Aquí está… Bien bonita, su nariz, su boca, básquet… Tiempo no juego, nada de floro con ella, con calma, paso a paso, como dice mi viejo lento pero seguro, hay que sombrear por aquí, ojalá que no se me ponga botada, pucha es bien bonita…La otra vez logré sacarle su número, buen avance me dijo la mancha, pero ahí quedas. Si supieran que me mensajeo con ella, se mueren de envidia seguro, pero son buenos patas. A veces vemos películas, compran la canchita y listo, qué cine ni qué cine, te descargas la peli, alistas la cancha, arreglas el resorte del mueble y queda listo tu cine… ¿Y si la invito al cine? Pucha ahí si le caigo, pero estoy misio ni para el pasaje tengo, si vendo mi pelota de básquet, está buena todavía, no, mejor la cambio por una de fútbol, Pucha ahí sí que aprendo… ¿invitarla al cine? Nada, paso a paso… Ya está el dibujo, con trazo suave, dulce, como ella, como tú, Olenka… Pucha qué linda…

Primero me regaló un dibujito, me había dibujado. Luego me invitó al cine, no sé por qué acepté si sabía que mi papá no me dejaba salir, tuve que hacer méritos para que me dé permiso. Él era distinto, mis amigas se dieron cuenta, ese chico quiere contigo, decían, uno más para la colección, y yo solo me reía, solo es amable conmigo, no sean mal pensadas. En el salón me comenzaron a fastidiar porque  se enteraron que fui al cine con él. La pasábamos bien, pero no fue allí donde me cayó, fue en la segunda salida, nos habíamos sentado al último, había poca gente en la sala, parejas que como nosotros le importaban poco la película. Estuvimos así tres meses, la única que estaba al tanto de todo era mi mamá, mi papá no lo sabía… Las veces que íbamos al cine eran hermosas, después de la película caminábamos por el malecón, luego él me dejaba en la puerta de mi casa. No sé cómo perdimos la cabeza, fue en la casa de mi abuela, no había nadie en ella, todos estaban de viaje. Era un lugar tranquilo para conversar. A esta visita a la casa de mi abuela le sucedieron más, a veces sentía remordimientos por lo que hacía, pero Julio era todo para mí, a la cuarta o quinta cita sucedió lo que ya había empezado a temer, tengo que decirte algo, era un temor que me había tenido con largos insomnios, ¿qué cosa?, los remordimientos habían aumentado, hace semanas que tengo náuseas y no me viene, temía a mis padres, ¿qué? ¿Estás hablando en serio?, nadie debía enterarse, no bromearía con eso, tuve miedo y él también lo tuvo. Nos sentimos tan indefensos que quedamos largo rato en silencio, nos miramos y lloramos abrazados porque el mundo se nos venía encima; ese día juramos no contárselo  a nadie que no sean nuestros mejores amigos. En la noche, al acostarme, yo no había dejado de llorar…

Le dije que  lo tome con calma, que no se ponga trágico tan rápido, que con un test de embarazo…, teníamos que confirmarlo. ¡Salió positivo! Pucha, loco, qué hiciste, y él, nervioso con la voz entrecortada, ya me fregué, brother, mis viejos…

La noticia me remeció aún más cuando me contó su plan. El que un adolescente embarace a su enamorada no era novedad, pero que se fugue  con ella, sí. Se habían fugado a Barranca, flaco, yo te llamo cuando lleguemos, ahí nos esperará la amiga de ella, una vez que te llame le cuentas todo a mi papá, le dices que estamos bien… solo cumple con decirle… Él me había llamado, pero no fui a decirle la noticia a su papá, no tuve valor. Pronto se escuchó, en la voz bronca de un viejo locutor insomne, la noticia de la desaparición de dos adolescentes en extrañas circunstancias. Todo se mantuvo así hasta que un tombo fue a mi casa a preguntarme si sabía algo ya que yo era amigo de Julio. No pude más y solté la lengua. Los habían encontrado. En el colegio todos lo comentaban, bromeaban con eso, pero en el fondo nos dolía, nunca imaginamos un escenario así para nuestra Olenka y, aunque ya todos tenían sus enamoradas aún veían en ella un amor platónico, irrealizable, tan imposible como retroceder el tiempo y prevenir el embarazo.

A veces la veo, ya no está con Julio, camina por algún parque e intento acercarme, pero aparece un rapazuelo juguetón, se lanza sobre ella y le da un beso. Aún mantiene su belleza y todavía parece que es su sonrisa su mayor atractivo, aún creo que debe tener embobados a muchos pretendientes, la buscarán e intentarán conversar con ella, ella siempre será amigable, entonces me doy cuenta que es la misma, la misma que veía pasar distante y dolorosa.

SEGUNDO PREMIO en Categoría Cuento: OLENKA de Giovanni Escurra Lugo
 I Concurso Literario en Cuento y Poesía “Héctor Rosas Padilla” 2013.

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