25 octubre 2013

LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON

LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON
(Autor: Profesor Hipólito G. Yánac Rivera)

Juan, un joven campesino soñó una noche que caminaba por un extraño camino de un lugar desconocido que, ascendía por un cerro de exuberante vegetación en cuya cima existía una hermosa casita blanca, rodeada de un jardín muy florido, al sentirse cansado por la caminata llamó a la entrada que, luego de unos minutos salió un anciano de barbas blancas, a quien le pidió que le diera posada y le brindara una taza de agua para mitigar su sed; y, al instante que le iba a dar la taza de agua se despertó Juan con la sensación que tenía mucha sed. A partir de esa fecha el joven Juan soñaba todas las noches caminando por el mismo lugar y repitiéndose la misma escena, habiendo quedado grabado en su memoria los detalles de su sueño. Preocupado por el sueño persistente le contó a su padre todo lo que le estaba sucediendo; y el padre le respondió que posiblemente se acostaba con sed y su sueño era una respuesta a esa necesidad.

Después de un tiempo, el padre le dice a su hijo:

- ¡Juan, tienes que viajar al pueblo vecino llevando un encargo y debes regresar lo más pronto posible!, por que tienes que hacer muchas cosas aquí en la casa.
Juan, obediente y respetuoso a las órdenes de su padre, le respondió:


- ¡Padre, tus órdenes serán cumplidas y lo haré en un tiempo record!
Al día siguiente, el joven Juan muy de madrugada sale de su casa con destino al pueblo vecino y emprendió el viaje a todo dar. El joven Juan lleno de vitalidad, hizo todo lo posible de caminar velozmente, pero, por la excesiva vegetación y el calor del sol radiante, Juan iba sintiendo cansancio y sed, lo que le recordaba los pasajes de sus sueños persistentes; y así, prosiguió con su viaje, cuando de pronto empezó a subir el mismo camino de sus sueños y todo era parecido a los lugares que había soñado. De rato en rato, el joven, se sentaba a descansar y en su mente seguía recordando los sueños que había tenido. Casi agotado por el cansancio y la sed persistente, divisó una casita blanca en la cima del cerro, conforme se iba acercando al lugar, la casita se veía muy hermosa y el jardín tan florido, se parecía al que había visto en su sueño; al salir de un recodo (esquina, curva, rincón, vuelta) se dio con la sorpresa que estaba frente a una casita blanca, igual a la que había visto en su sueño; y como su sed era insoportable decidió tocar la puerta. Y al tocar la puerta, salió un anciano de barbas blancas, era el mismo anciano que le había alcanzado la taza de agua en su sueño. El joven Juan, aturdido por la sorpresa, solo atinó a decirle:

- Por favor, ¿podría proporcionarme una taza de agua para aplacar mi sed?, luego sentándose debajo de un árbol.

El anciano muy atento le dijo:

- ¡No se preocupe, enseguida le alcanzo!. Entró a la cocina y sacó una taza con agua, y le dijo:

- ¡Esto le va ha aplacar la sed y le va aliviar el cansancio!
Al momento de recibir la taza sintió que una fuerza magnética se apoderaba de su cuerpo, a pesar de ello, tomó el agua de la taza y conforme iba tomando el agua le vino un profundo sueño y se quedó dormido allí donde estaba sentado. Luego, el joven Juan empezó a soñar. En su sueño el anciano le decía:

- Te has equivocado de camino, abajo habrás notado hay un cruce, de allí se bifurcan dos caminos, uno que va al pueblo donde te diriges y el otro es el camino que conduce a esta posada. Esta casita hace muchos años que está abandonada desde que fallecí, en ella he tenido guardado mi tesoro de toda mi vida; tu suerte te ha guiado para llegar donde te has quedado dormido, ya que, debajo de la piedra que estás sentado está enterrado una alforja de cuero llena de oro; sácalos y llévalo donde tu padre, con ello podrán comprar todo lo que necesitan y serán muy felices!

El joven Juan se despertó asustado, y vio que la casita no era la misma que había visto, sino una casita vieja y derruida. Pero, para comprobar si era verdad que el anciano le había dicho, levantó la piedra en el que estaba sentado y en verdad encontró la alforja de cuero llena de oro; comprendiendo que era una revelación del anciano, cogió la alforja con el oro y se regresó a su casa. Al llegar a su casa contó a su padre todo lo sucedido y le mostró la alforja lleno de oro, así como también le manifestó que no había podido llegar al pueblo y dejar el encargo porque había tomado el camino equivocado.

El padre y el joven Juan cumplieron con el encargo del anciano comprando todo lo que necesitaban y se convirtieron en una familia muy acomodada, gracias a su prudencia, honestidad, su trabajo constante y sus nobles sentimientos con sus prójimos.

FIN

2 comentarios:

Kira R. Fernandez dijo...

interesante, pero esa idea ya está muy explotada, aunque la historia esta muy bonita, pero el dinero no compra la felicidad, el hombre solo es feliz si tiene a Dios en su corazón.

Kira R. Fernandez dijo...

interesante, pero esa idea ya está muy explotada, aunque la historia esta muy bonita, pero el dinero no compra la felicidad, el hombre solo es feliz si tiene a Dios en su corazón.

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