15 junio 2013

EL ENCANTO DE LAS OVEJAS BLANCAS

EL ENCANTO DE LAS OVEJAS BLANCAS
Autor: Profesor Hipólito G. Yánac Rivera

En un paraje o lugar inhóspito (agreste, deshabitado, solitario), llamado estancia vivían unos pastores de ovejas, que por su ubicación infundían melancolía (nostalgia, soledad, añoranza). Estas personas vivían aisladas de la mayoría de la población, haciendo una vida de ermitaño (solitario); siendo su compañía sus ovejas, sus gallinas, el gallo que le daba la hora y que le anunciaba el anochecer y el amanecer de un nuevo día, sus perros eran fiel compañero que, ahuyentaban los malos espíritus y les protegía de las personas extrañas que les podían hacerle daño o podían robarle sus pertenencias, sus animales o ahuyentar a los zorros que iban a cazar sus ovejas para comérselos.

La vida de los pastores era monótona que, luego de tomar sus alimentos en las mañanas salían conjuntamente con sus ovejas para pastarlos. Éstas al salir del corral, empezaban a caminar buscando el pasto para su alimentación sin detenerse en un solo sitio, alejándose de la choza seguida por la pastora y sus perros.

En esta actividad del pastoreo las ovejas se desesperaban por dirigirse a los “oconales” (pequeñas praderas ubicadas en el ojo de los manantiales formando unos pantanos o lodazales por la filtración de las aguas), buscando el pasto verde, mientras que las pastoras se encontraban entretenidas con su hilado o tejido. En éstos oconales, pantanos o lodazales pocas veces se les permitía hacer el pastoreo porque estaban contaminados por larvas de la “alicuya” propagados por la orina y el estiércol del ganado caballar; en consecuencia las ovejas eran infectadas por estas larvas que se localizaban en el hígado del ganado aniquilándolo hasta la muerte.

Pero, por fuerzas de la naturaleza, coincidentemente con los movimientos de la luna llena, las ovejas mágicamente eran atraídas a esos pantanos o lodazales y se ubicaban alrededor de la fuente del manantial que, a la vez, la pastora por alguna fuerza mágica era distraída del cuidado de las ovejas quedándose dormida o algunas veces repentinamente se anublaba cubriendo de neblina toda la zona donde se encontraban comiendo las ovejas obstaculizando la visibilidad de la pastora; y preciso momento en que se producía el “encantamiento”, en que unas “ovejas blancas” como si fueran burbujas de agua, empezaban a salir del ojo del manantial unas tras de otras confundiéndose con las ovejas de la pastora, aumentando significativamente la cantidad de ovejas de la manada; cuya finalidad era confundirse con las ovejas de la pastora para luego introducirlos y desaparecerlo por el ojo del manantial.

Si éste fenómeno era percibido (visto, mirado u observado) por alguna persona extraña o por la misma pastora antes que las ovejas del encantamiento empezaran a retornar por el ojo del manantial; era preciso sorprenderlos arrojando a la fuente del manantial cualquier prenda (ropa), a fin de que las “ovejas blancas” no pudieran retornar al ojo del manantial, evitando así que se llevaran a las ovejas de la pastora y lo desaparecieran dentro del manantial. Las “ovejas blancas” del encantamiento que no podían retornar dentro del manantial y que se quedaban como parte de la manada, posteriormente iban muriendo inesperadamente sin motivo alguno hasta no quedar ninguno de ellos.

Pero, si las “ovejas blancas” por el contrario sorprendían a la pastora sin que ésta se diera cuenta, las “ovejas blancas” volvían a introducirse por el ojo del manantial llevándose consigo todas las ovejas de la pastora desapareciéndolas para siempre.

En una ocasión, los dueños de la estancia al comprobar que algunas de éstas “ovejas blancas”, habían quedado como parte de la manada luego del encanto, trataron de sacrificarlos para comprobar si eran como las ovejas verdaderas, dándose con la sorpresa que su lana no era como la de una oveja normal, ya que su lana era rara que no servía para el tejido; así como su carne era muy desagradable y de olor pestilente que no se podía comer.



1 comentario:

José Victorio Roque dijo...

http://pressunitedcajatambo.blogspot.com/2011/12/jose-victorio-roque-cajatambo.html

En el valle de la provincia limeña de Cajatambo, departamento de Lima, aún queda un espacio que el hombre no ha devastado, un espacio detenido en el tiempo, donde los animales recorren el territorio en libertad y sin presencia depredadora, donde la vegetación cubre la totalidad del área dejando marcado el sendero para que el visitante sólo atisbe sus maravillas desde lejos, donde la flora y fauna impregnan el ambiente con fragancias especiales, fantásticamente irradiando espectaculares colores iridiscentes, como resaltó el pintor cajatambino, Felipe Coronado Jiménez. Logrando plasmar en sus lienzos, y donde las aguas de los ríos caen formando impresionantes cataratas, convirtiendo la zona en el ansiado paraíso, no tocado por la civilización, aún libre de impacto ambiental, fuente perfecta para pasar unos días con la familia.

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