26 abril 2013

Poesías de TORSOS DE LAS GUERRAS


 TORSOS DE LAS GUERRAS 
 José Pablo Quevedo



El escenario del mundo

Bizarros guerreros,
antiguos y modernos,
métricas espadas,
el uranio de las balas.

Aquiles y Hera,
Perseo y Minerva,
Apolo y Ulises
se desalman en la guerra
por el vellocino de oro.
(Y en esta escena
Amor queda tuerto.)

En la segunda batalla-
desde Villa Romana-
hay diez legiones de guerreros
que marchan a Germania
a Galia y a Egipto.
(Y Julio César, Bruto,
Marco Antonio y Cleopatra
quedan muertos.)

Del molino a la máquina,
de la rueda al láser,
y de los cañones a los rambos,
hay los Reagan, los Bush y los Nixon.

¿Pero la copia del ayer,
lo hace también Obama en Casa Blanca,
-el capital no es negro ni blanco-
y todo por el vellocino del petróleo?





Torsos del significado
y el significante

Abstracta interpretación sobre el planeta,
dos caminos divergentes,
los significados y los significantes.

Al soldado no le crecen alas,
pero tiene la máquina que le permite sobrevolar,
y desde la geopolítica de guerra construir nuevas palabras:
“Daños colaterales, efectos secundarios”, “países canallas”,
“lucecitas sobre Bagdad”, “en misión de paz”.

Cortés trajo consigo palabras ambivalentes
y las regó después por nuestro Continente.
Pizarro, prometió la libertad a Atahualpa,
si éste le daba un cuarto de oro y dos llenos de plata.
Desde entonces los medios chances politiqueros,
el dios que promete el cielo, que no impera.

Por lo menos, Ícaro voló cerca del sol
pero allí dejó sus alas,
las quemó para no bombardear los pueblos
con el Napalm, con dioxina, con radiaciones atómicas.

No hay deconstrucción que valga del significante
cuando la lengua dominante es la que muta y cambia,
y hace del significado las cosas de su pertenencia.

Sin la deconstrucción de la misma lengua imperial
no hay una batalla ganada.
Con la deconstrucción de  la lengua del vencedor,
implementaremos miles de nuevas palabras
en la lengua de la paz.



Obra plástica en hierro

(Gracias a Julian Assage y a Wikileaks)

Con el hierro en la mano
Caín mata a su hermano.

Con el carro de guerra
y con ojo de cíclope
se puede calcinar la rosa,
se puede convertir la belleza en chatarra,
y el hierro puede más
en desalmar una obra de miles de años,
y miles de aldeas y cientos de naves.

Matar a los hombres como a pajaritos
sea con el garrote o la bala,
o en salto de metralla,
es el tiro de muerte
que regresa al hombre
a la edad de las cavernas.



  Contra una posible amenaza termonuclear

Perspectiva del plomo,
del árbol muerto
en la sed de los astros.
El viento seco sin huella.
El dolor, sin dolor, en su sombra.

¡Hiroshima!
El huevo encubado
en el agua de las máquinas
como un sol negro
ardió tu corazón.

Fue una nube radiactiva,
parida en un U.S.A.-laboratorio.

Lo recuerdo,
fue en 1945.



El último fragmento no será la estrella

El último fragmento no será la estrella,
no será el dolor o risa invertida,
ni será el parir de huevos de reptiles.
Con fósiles, ¡ya basta, y sus eructos apocalípticos!
Acaso no fue parida una bomba
en los laboratorios de los Estados Unidos,
y experimentada en miles de cuerpos.
Acaso no quemó la radiación de una cloaca química
e hizo volar la tierra a otras tierras.
Y no fue el televisor, acaso,
a conocer aquellas maniobras.
Los generales no disparan.
Hay suficiente carne de cañón,
para quien nos habla de la “Madre Patria“,
y escupe el universo con los dientes,
y aplasta las rosas con las botas,
y quiere hablarnos de Beethoven
o de Hölderlin, cuando asesinan,
y, aún más,
cuando se masturban
en la carroña de los cuerpos ,
ya sin vientres,
ya sin manos,
ya sin ojos.
Y los labios que confesaron
un absoluto no matar,
los vuelcan
escupiendo con la metralla.


 
El último soldado caído
no se cuenta en una guerra

S.O.S.
Estoy herido en una zanja,
siento frío, de hielo son mis manos,
mis piernas están pulverizadas.
Sólo un mar de cadáveres
ante mí,
para que otro mar los limpie.
Pero lo que más siento
es que no se me contará
entre los 50 millones de muertos
cuando los historiadores
ya no tengan la prueba
de mi muerte.


Eludiendo al plan de un genocidio nuclear

 “A través de las bombas atómicas
serán salvadas las vidas humanas“,
dijo el profeta Hans Bethge.
Y Truman saltó sobre el hongo nuclear,
en el salto más alto hacia la luna,
mostró su cara más elocuente que Nerón
cuando mandó abrir las entrañas de su madre,
y despedazó los recientes poemas nacidos
en los miles de niños por nacer,
en Hiroshima, a las  8.16 horas,
un 6 de agosto de 1945.

Mi amada, a pesar de todo,
no pereció en aquel hongo nuclear,
porque eludió a cualquier plan genocida.
Porque se hallaba dentro de una botella
contenida para los planes de otro genio.



Cuándo el hombre

Cuándo el hombre
no sea parido
por el huevo de la muerte,
todas las estrellas
nos parecerán las mismas
en los ojos.

Cuándo el hombre
no haya nacido
en un basural
de radiación atómica,
todos los colores
serán los de la luz
para definirnos.

Cuándo el hombre
y los pájaros ya no mueran
sin ojos en los pantanos de petróleo,
todas las rosas del universo
dejarán caer una imaginación infinita.

Maduros en el atardecer y amanecer
de la misma estrella,
seremos los mismos,
y otros, como al principio.


En Nínive y el Tigris se combate

1

En Nínive y el Tigris se combate duramente.
Tiempo de a dos:
Cíclopes y centauros
desalmándose en la arena piadosa,
la cual Scherezada amaba
y de cada grano sacaba una flor de lirio.

Flor,
en un espejismo
de humo y petróleo
que se eleva hasta los cielos.


2


El camino hacia Bagdad
tiene el rostro de una luna herida.

Barrancos de arena
y soledades esconden
los rostros de los eremitas.

En un tablazo,
esqueletos mecánicos
prendidos ante fuego

En el camino hacia Bagdad
se tienden las historias
que no se pierden en el polvo,
este es incontable
como la memoria de los pueblos.

3

Sé que cuando los halcones vuelan alto,
cae plomo líquido desde los cielos,
bombas que cercenan las manos de los niños
y dejan sombras anchas de muerte con la noche.

Y las palomas huyen hacia las torres altas,
y arde el televisor
con cada anuncio de la guerra.

Sé que cuando los halcones vuelan alto,
traen la muerte en sus picos y en sus alas,
y hay un botín por el cual están atentos,
y lo están rodeando con sus grandes garras.

Y las ciudades arden y arde el corazón de ira,
y se levantan trincheras y se lucha a cada palmo.

Sé que cuando los halcones vuelan alto
es por qué se están dando un festín con carne quemada,
y cualquier exigencia ante la muerte
puede ir más allá de lo inhumano.



Los Ulises guerreros

Cuarenta estrellas tienen las banderas que los barcos portan,
pero esta vez ellas no brillan, ni hay sonidos de sirenas.
Los Ulises guerreros regresan en camas de zinc,
despedazados por la ira de una granada de cuerpo.

Como Aquiles, los marines, también tienen talones débiles,
ellos no saben que la arenas hablan el lenguaje de beduinos,
son incandescentes, hacen espejismos desde los cielos,
y tiene atrapes en los hoyos que esconden a la muerte.

Lo que se paga con la sangre dinamitada del USA-soldado,
el dólar lo ha comprado
en crudo de petróleo que hace brillar el Roll Royce imponente
para cualquier ministro o presidente.



El coloso a su misma estatua abrazado

( versión según un discípulo de Goya)

eres lo negro de la miasma en toda la negritud de la palabra,
no el de la noche que saca los luceros o la piel de ébano
sino la del saurio genocida abrazando otro saurio
que madura la perversión en la bóveda del alquitrán y del azufre

una hiena te odiaría por tener más incisivos que ella
y tu pose plástica hasta Calígula no te perdonaría, ni Nerón
que con sus manos a una de sus esposas ha estrangulado
ni la historia del terror hecha topografía de los bestiarios
pues cualquier superlativo, sería ante tu crueldad, minimizante

va tu boca, salina humedad, donde sólo queda la podredumbre
va tu esputo, tu vómito, tu sonrisa en la cínica del mármol,
el estupor de los gabinetes más corruptos que la mismas algas
la perversión que a la misma perversión la muerte ordena

tu pie no ha quebrado la yerba solamente, mató la flor, hirió la luna
cortó las piernas de los niños, a la redonda de Bagdad se sabe,
ella que un día fue hermosa, en las mil y una noche de una lámpara
que agenció el perfume a la piel de Schehrazada, más amada
de mil lunas y mil sueños donde fábulas y los cuentos brillaban

antes que una luna se vuelve oponente dejaremos que la hebra
con que sujetamos el torrente de ilusiones su huracán lo desate
el pensamiento entrando al amanecer estará en el vigor creciente
el aire irrumpe en la dimensión de la piedra en mil orillas de la tierra.

Berlín, 2007



(Saturno comiendo a sus hijos, un motivo de Goya)

fue Saturno, el de los anillos ciegos,
él que lleva  trofeos sobre el pecho
cuando sale a circular devora planetas
y sus incisivos marcan entera a la noche

cenizas de vidrio los vuelca contra el viento
lo verde de la noche lo hace más guerrero
niebla y luna sonámbula es el ojo de su frente
que indaga  en los perfiles de inocentes.

Saturno no sólo sale a iluminar con sus anillos
sino tiene en la mano un candente hierro
simple faena, rasgar cuellos, cortar miembros
no hay perdón para la clemencia de la gente

parásitos cuervos hacen más negra a la noche
los ojos de los degollados están vacíos
él que repartió por doquier garrote a mansalva
devora con la boca los cuerpos y las nalgas

no hay ojos que acuñen lo que la infamia hace
ese apagar de  vidas que se van hacia las fosas
desdichas humanas ante colosos inclementes
fieros rostros, tígritas manos, hierros sin luna

plásticos colosos que en superlativos crecen
miran  laureles, coronas y sus anillos afiebrados
van en carro de guerra, brusquean desdichas
llevan máscaras del miedo, la noche sin súplica
el ciego día que va con sus muletas sordas

 Berlín, 2007



Clamores de guerra nueva

(mi canto, tu canto)

en el disparo que suena la salida sospechosa
se desploma el aire, ya no hay lumbre, cae lo que cae
ni el insomnio de la madre ante la vela acongojada
podrá retener lo que cada noche la infamia llenaría

tanto barro tiene la historia bajo los pies del coloso
tanto miedo ha infundido que repiques son de muerte
su solos brazos atenazan diez aldeas y hay estupor de gente
y fuego en las montañas y estampidas y caos despavorido

de sus manotazos y de su máquina de guerra insaciable
tantos pueblos lo saben, cicatrices llenan sus historias
el ruido de la tormenta del norte rico siempre les llega
para apoderarse de lo que hoy vitales recursos llaman

Pero aquí, al sur de Iraq, y al norte de Afganistán
las voces que vienen de los desiertos, calientan el aire
son granos de arena que forman y forman las montañas
candentes son como los propios soplos de la vida del hombre
que los pies del coloso queman y su cuerpo lo desagarran.

Berlín, 2007



 El coloso soñando con devorar nuevos mapas

Las sirenas solamente cantan triunfos al coloso del petróleo,
al coloso de la pose de la guerra en portaviones victorioso
ellas ensordecen las orejas de los hombres, los hacen guerreros
hoy en día -con trompetas-, la caza del Irán, ya nos anuncian

lo que se publica en Berlín, se sabe en París, y Londres muta,
y hasta Israel – hoy, monopolio de  fariseos -muestra ya los dientes ,
se retrata la muerte en el daño colateral en lucecitas de los cohetes
lo escribe el País, el New York Times, el Fígaro, y la Gaceta

el pulso del coloso calienta el aire, calienta el gatillo de pistolas
todas ellas, en el dedo índice, ajustadas al disparador y a sus ojos
cien metros planos es la partida que barrerá un nuevo mapa
pies que son pezuñas, hipo furioso, Marte de Guerra es el coloso

saber que a Pinocho le crece la nariz cuando miente, es conocido
sobre todo, cuando se juega con baba espesa  y con promesas,
entre centellas y música de Hollywood, el coloso es vida y todo vigor
del circo romano que sigue siendo hechizo de bellas y de tontos.

Berlín, 2007



Cuando entre el sol

con todas sus ventanas
y puertas
al hombre,
entrará él
y no la muerte.
Cuando su sombra eructan te y dimensional,
no sea estructura de nuestras cabezas,
sino en cada partícula
su luz viva,
entrará él
y no la muerte.
Cuando el sol tenga una única casa,
que sea el amor
y
tal vez,
el odio
contra el que quiera
invertir su cara.
Entrará él
y no su sombra.



La ciudad resucita en podredumbre
y no hay alguien que liquide su olor a musgo

La ciudad resucita en podredumbre,
vieja en sus costillares, cansada en su impostura,
viajando a las orillas del sepulcro.
Y aunque al pez le duelen las agallas,
nadie hablará del huevo de sangre
que hizo rodar Salvador Dalí,
sobre sus dos afilados bigotes.

Abominable, pero certero, ese huevo nació
antes que Colón,
y sus tres carabelas  dieran la vuelta al mundo
para asaltar las costas de las ”Indias”.

Sin duda, ese huevo de oro y parricida,
rodó también con la risa del bufón,
que arrojó los espermas a su padre
en la hora en que César también moría
bajo el puñal de Bruto.


Sólo que al gigante,
la historia periodística
le hizo los pies tan grandes
que estuvo a punto de caerse.



Ornamento estético de la muerte 1

Después que se juró, ¡No más a la guerra!
Alemania envía un saludo cargado con bombas racimos.

Cuando la economía crece, cada quien viaja por el mundo
y en Palma de Mallorca el alemán se tuesta su piel.
La radio toca música de jazz, se bebe ginebra,
se dice a los extranjeros, ¡buenos días señor!
Pero nadie lee cuando en los diarios aparecen
miles de niños mutilados, guillotinados sus pies.

Lo que se reporta en armas hace grande el mercado,
y la es artillería que derriba cualquier muralla,
aún cuando a los niños sin pies por las bombas racimo,
para andar se les asegure una prótesis de metal.


 Ornamento estético de la muerte 2

Las arenas de los desiertos arden bajo los pies invasores,
y un muchacho de Dallas, vestido a lo rambo, cae acribillado.

El credo: “por la patria murieron”, es el mito de la defensa,
la burla que esgrime cualquier ministro de guerra yankee.

Donde se embarrila el petróleo queda la sangre,
y más de un millón de cadáveres, nos reporta la guerra.

Ganancias del dólar o del euro une también a Europa,
forma nuevos países satélites como Polonia o Rumanía,
se les convence del juego con las ideas del “daño colateral”.

Nada importa, si hay montañas de hombres destrozados,
si aves de carroña harán banquetes con los cuerpos.

A las bóvedas del oro entran republicanos y demócratas.
Ellos lo toman y como un dios lo besan.
Los perfiles de sus  rambos  se acuñan en monedas,
después de muertos son héroes.

Pero los incendiarios y parias volverán por donde vinieron,
con la cola entre las piernas o en camas de zinc.




La hienitud de las hienas

¡Estáis muertos y no lo sabéis! César Vallejo

El cielo es corto en la mira del piloto,
y sólo las lucecitas que hacen
el estallido de las bombas sobre Sliten y tripoles
les recuerda a Roma
hecha herida gigante por la mano de Nerón.

Pero todos duermen en París
o en Marsella o cualquier ciudad alimentada
por el televisor en la palabra de opereta Sarkozyana.
Ellos están muertos y no lo saben.

Cada piloto se persigna para ganar el juego
con el disparo mas desgarrador y penetrante.
Ellos saben para quién Dios estará en ese momento.

En cada  portaviones hay uno y otro cura
que las armas bendicen,
en donde raya en la misma raya la misma lengua
de “la guerra ya perfecta”,
la ortografía definida con ese “ telón de fondo" de la muerte.

Hienitud de las hienas con las palabras imperiales
que vomitan estatuas sin brazos
ante las fuentes del Congreso Nacional de Francia.

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