14 diciembre 2011

El Trágico Accidente En Las Montañas De Antioquía (Medellín)

LUIS FABIO XAMMAR
El ilustre intelectual, periodista y literato ecuatoriano Alejandro Carrión Aguirre (1915-1922), casado con Josefa Eguiguren Bumeo (Pepita), fue uno de los mejores amigos de Luis Fabio Xammar Jurado.

En marzo de 1947,en la fecha en que Xammar estaba en Bogotá, Carrión terminaba su vínculo como redactor del diario "El Tiempo" de Bogotá. Y tanto él como su esposa, Pepita, estuvieron con Xammar hasta que se embarcó en el avión fatal que se iba a estrellar en la zona Montañosa de Antioquía, a 20 kilómetros de la próspera ciudad de Medellín, en la ruta hacía Panamá.

Esos últimos momentos de vida de nuestro Luis Fabio son dolorosamente narrados por Carrión en su libro "Una cierta sonrisa". Leamos lo que él titulara "Flecha quebrada en medio del vuelo":

"Era, el año de 1947, antes del Bogotazo, desde luego: desde entonces no he vuelto a la Ciudad del Águila Negra. El mismo día de mi partida, partía también el gran poeta peruano Luis Fabio Xammar, de visita entonces en Bogotá, que iba al norte, a dictar conferencias en Guatemala y México.

Hubo, pues, una gran fiesta de despedida donde el poeta Jorge Rojas, que además de primer poeta viviente de Colombia, en esa hora era –cargo altísimo, nunca antes desempeñado por un poeta agente general en su país de ron Bacardí. La fiesta fue brava. Estuvieron en ella, mezclados, los clanes de Fortaleza y del Asturias. Luis Vidales, el Profesor de estética, Guillermo Payán-Archer, el poeta de la soledad en Manhattan; Jaime Ibáñez, novelista y poeta, hombre muy inquieto; Andrés Holguín, poeta finísimo: Aurelio Arturo, poeta: Eduardo Carranza, el que cantaba a las muchachas de finísima cintura; Carlos Martín, recién llegado entonces a Bogotá; Eduardo Mendoza Varela, que está en el diario "EI Tiempo"; Fernando Charry Lara, Arturo Camacho Ramírez, Fernando Arbeláez... Ias poetisas guapas Maruja Vieira y Dolly Mejía, en fin, un ramillete, perdón, una antología viviente, llena de alboroto y olvidada del triste objeto de la reunión: despedir, acaso para siempre, a dos amigos.

Retomo la lista, porque se me escapó, incomprensiblemente, el maestro León De Greiff, padre de Sergio Stepansky. Al recordarlo expresamente, aprovecho la oportunidad para decir que estaban allí Gonzalo Carnevali, Embajador de Venezuela y gran poeta, y su secretario, poeta también y más tarde embajador, Vicente Gerbassi y el poeta chileno, Embajador de su país, Julio Barrenechea. Y el novel poeta Jorge Gaitán Durán, destinado a un trágico fin.

Y supimos que la muerte no se presiente, no anuncia en formas alguna su cercanía; Luis Fabio estuvo más feliz que nunca esa noche y sus ofertas de volver a Bogotá eran más Por vehementes y certeras que las nuestras. Y estaba ya en los últimos momentos de su vida. Salimos muy tarde de la casa de Jorge Rojas y fuimos al hotel de Luis Fabio: él había pedido a mi mujer que le ayudara a hacer la maleta. Cada vez que terminaba él su tarea, la maleta estallaba: la ropa se volvía a esparcir por la habitación y él comenzó a lIamarla maldita maleta". La nuestra ya estaba hecha: Pepita, mi mujer, la había hecho muy por la mañana. Ella, experta, terminó rápidamente la tarea.

Bebimos aún un poco: amanecía y de la cafetería nos trajeron estupendo café bien cargado. Poco a poco la mañana iba madurando: llegó el momento y todos, en número de doce o quince, marchamos al aeropuerto. Pepita y yo salíamos para Quito y Luis Fabio para Panamá prácticamente al mismo tiempo, en la misma empresa llamada TACA, que voló al Ecuador muy corto tiempo y cuyo nombre TACA significa: Transportes Aéreos Centro-Americanos.

En el aeropuerto todo fue abrazos y ofertas de volver y de escribir, de mantenemos al tanto de nuestra labor de escritores y artistas, en fin, Pepita y yo llegamos a Quito muy bien, tras el corto vuelo y encontramos caras conocidas y muchos abrazos, para borrar una pequeña molestia: en la Aduana, pensando que no todo debía ser feliz para ecuatorianos que retornaban tras larga ausencia, nos quitaron un pequeño receptor de radio que traíamos.

En Bogotá, los amigos fueron del aeropuerto al Fortaleza y allí, tomando tintos con puntas, hablaban de la jornada y de los ausentes, cuando llegó la noticia. En un comienzo, no sesabía si el avión de la TACA caído era el que salió hacia el Sur con nosotros o el que partió para el ncrte con Luis Fabio Xammar. Ellos profundamente emocionados, comenzaron a beber de firme y envueltos en el alcohol misericordioso Se dividieron en dos campos: los que creían que había muerto Luís Fabio y los que pensaban que los muertos éramos Pepita y yo.

Años más tarde, fuimos a Lima, en uno de nuestros muchos viajes a la Ciudad de los Reyes, y Rosita Corpancho, la dinámica auspiciadora del grupo "Entre Nous" nos presentó a María del Carmen Xammar, la hermana de Luis Fabio, que había comenzado la publicación de sus obras completas con el volumen de poesías.

Ella creía que no conocíamos a su hermano. Fue entonces cuando le contamos su último día, sus últimos momentos antes de entregarse a la muerte en el avión fatal. Ella lloró, nos contó cómo fue ese día para ella en Lima y me pidió que escribiese un relato de ese amargo amanecer, en el cual reíamos y bromeábamos ignorantes de que la muerte ya había elegido a uno de nosotros y le estaba cosida a los talones.

Yo escribí el relato que se publicó en el "Semanario Peruano" que editaba entonces Genaro Carnero Checa, mi amigo fraternal, salió con el título sugerido por María del Carmen: "Flecha quebrada en mitad del vuelo". Ella decía que esa frase era la descripción exacta del destino que le cupo a su hermano.
¿Una cierta sonrisa? Esta vez, acaso, deberíamos haber titulado el artículo como "una cierta lágrima". Para Pepita y yo las imágenes de esa noche, mientras hacíamos la maleta, mientras nos despedíamos, son imborrables y amargas. Luis Fabio Xammar vive en nuestro recuerdo por siempre”

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Fragmento del libro titulado LUÍS FABIO XAMMAR: Peruano Paradigmático. Sus autores son   los Magister Esteban Ramos Huamán y Veronica Malena Durán Matos.

1 comentario:

celabar dijo...

El libro citado ojalá esté en la biblioteca de nuestro recordado y querido Centro Educativo que lleva el nombre del ilustre poeta.
Narraciones como la citada son muy interesantes como lo debe ser el libro entero.

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